escritura interior
  
 
  22/02/2012  Diario íntimo de Rajoy (2)
 
Pasé una noche pésima. Tuve pesadillas. De pronto, sin previo aviso, se presentaba en Moncloa mi primo meteorólogo. Sí, el que me dijo que el cambio climático y el agujero de  la capa de ozono eran mentira. ¡En menuda me metió entonces!

Ahora lo recibía en el cuarto de baño, que es donde escribo este Diario íntimo, y él me aconsejaba llamar a Rita (Barberá) y pedirle que adelante las Fallas. “No puedes esperar hasta el 19 de marzo con la ciudad de Valencia ardiendo sin los ninots en las calles”.  Y al decir esto, mi primo desaparecía.

¿Qué significado tiene la presencia de mi primo en La Moncloa? ¿Tan preocupado estoy por las cargas policiales en la capital del Turia?

No quiero que unos disturbios me distraigan de nuestro objetivo primordial: ganar Andalucía. Cuando ganemos Andalucía y España sea completamente azul, el enemigo no tendrá escapatoria. Hablaré con Cospedal. De ella me fío.

Un clavo saca a otro clavo. Como el próximo sábado tenemos el morbo a tope con Urdangarin declarando en el Juzgado, la Prensa desviará la atención a Palma, donde a  pesar de las burradas de Jaume Matas Mallorca considero una plaza segura.  

Tengo que proyectar una imagen de calma. La imagen de España es importante cuando arden las calles de Atenas y el turismo se desvía hacia aquí. Lo que más temo es que pueda darles la volada a ingleses y alemanes y cancelen sus vacaciones entre nosotros. ¡Esas porras policiales hacen más daño fuera que dentro de España!

Mi mensaje debe ser de absoluta normalidad. A tirar todos del carro, como dije ayer, igual que los burros de Mijas paseando tranquilamente a los guiris.

Por otra parte, va bien que todos sepan que el pulso no me tiembla –en eso debo parecerme al ferrolano- si las cosas se ponen feas. Lo de ETA, al menos,  parece que pinta bien.



  21/02/2012  Diario íntimo de Rajoy (1)
 
No sé dónde guardar este cuaderno para que esté seguro y a salvo de miradas indiscretas. Mi mujer no es partidaria de que lo escriba. Cuando me vio tomando notas encerrado en el cuarto de baño pensó que estaba loco: “¿Ahora escribiendo en el retrete un diario?”
No me  molestó que añadiera que a ver si me creo que soy Azaña. Lo dejé pasar, como tantas y tantas cosas he dejado pasar en la vida.

Necesito escribir un diario íntimo porque de lo contrario no pasaré a la posteridad. Dentro de veinte años, por ejemplo, todos pensarán que no he hecho mas que tonterías, como ya piensan de Aznar, que no deja de hacerlas. Pero si dejo algo escrito de puño y letra, algo sincero, sin censurarme jamás, los españoles de mediados de este mismo siglo me respetarán. Creerán que soy un genio. Comprobarán que aunque parecía algo bobalicón no lo era. Y a lo mejor incluso se lo pasan bien leyendo este diario.
 
Tengo que pensar que soy un fenómeno de la política. Ya lo dije en Sevilla durante el Congreso del partido: dije que no le debo nada a nadie, a nadie, y  miré a José María que puso cara de Aznar.
¿Es que le debo a Aznar ser presidente del Gobierno? ¿Se lo debo a Camps, pájaro de sastrería que ya no pía?

Tampoco a Fraga, que en gloria esté, le debo nada. Se lo debo a mi perseverancia. Se lo debo a no haberme quemado sino fortalecido durante mi etapa como Jefe de la Oposición, dale que dale. Si miro a mi alrededor casi todos se han quemado. Alguno es irreconocible por lo chamuscado que está. Yo, felizmente, no. Por ahora no.

En Londres he tratado de tú a tú a Cameron. Le dije cuatro cosas del inglés en mil palabras que he aprendido a ratos perdidos, y él, en cambio,  no me ha dicho nada en español. Cameron es barbilampiño y tiene el cutis de señora, fino y sonrosado, mientras que yo, con esta barba entrecana y varonil, y estos ojos que se me disparan a un lado y otro como si no fueran mis ojos y desearan salir pitando de mi cara, yo inspiro mucho respeto.

No obstante creo que la he cagado al decir en la rueda de prensa que ahora todos debemos tirar del carro y dar una imagen mejor de España. Lo he dicho por los sucesos de Valencia, que se ha convertido en la Comunidad Pesadilla del reino del PP.  Pero ya es tarde para rectificar. Un político con mando en plaza  no debe rectificar porque si lo hace lo toman por débil.

Y yo no soy débil. Me miro en el espejo y repito: “Mariano, tú no eres débil, no eres débil, Mariano”. De todas formas podría haber utilizado otra expresión para decir lo que quise decir.  Aunque añadí que yo también me incluía en eso de tirar del carro, algunos pensarán que  que en vez de tirar como un español más, voy sentado en lo alto del pescante, con riendas y látigo en la mano,  para que troten las bestias de carga.

Y luego dije  textualmente que  “los españoles no podemos dar una imagen de país que no es la que es”.  ¿Y cual es?

Me gusta dejar las cosas en el aire. Ya se ocupará Trillo, que para eso lo mando a Londres, de dar la mejor imagen posible de la España que es, y no esas imágenes que han sacado las televisiones de medio mundo con la policía zurrando a los estudiantes en Valencia.

Trillo habla inglés correctamente, o eso dice, y si no es así y es lo que es, que no habla inglés o lo pronuncia con acento murciano, ya se inventará Trillo como buen embajador de España un idioma y una imagen de España a la medida de nuestras necesidades.

Estoy algo cansado. Los ingleses, no sé por qué, cansan. Siempre tienes que demostrar que sabes comer con modales exquisitos, que sabes limpiarte los morros con servilleta almidonada de hilo escocés sin ensuciar la servilleta, que sabes levantar la copa tallada y brindar por la reina sin apenas mover los labios, y que sabes que no sabes que ellos te están siempre enseñando lo poco o mucho que saben. A mí me salva mi mente y mi olfato gallegos, sobre todo al atardecer.


 

  19/02/2012  Voluntariado
  Se ha impuesto, aunque sutilmente pero a la fuerza, el voluntariado. O sea, que si haces algo lo haces voluntariamente y porque te gusta hacerlo. No debes esperar que te paguen por ello, ni en dinero ni en especies. Y  debes sentirte satisfecho. La alternativa del voluntariado es no hacer nada. Pasar de todo. Marginarte.
¿Y quién desea algo así?
No piensen que esto que escribo en un blog en El País digital es otra cosa que una demostración libérrima (y paupérrima) de voluntariado. Ignoro si otros escritores o periodistas que también tienen blog y no están jubilados, como yo,  sino en activo, también actúan bajo este régimen de voluntariado. Quizá cobran, por poco que sea, aunque sea un plus. O ni siquiera un plus, sino que su contribución queda incluida en su nómina.
Antes te llamaba alguien y te ofrecía escribir un artículo para una revista, por ejemplo, y tú preguntabas qué te iban a pagar por el artículo, y te daban una cifra y decías sí o no. Lo mismo ocurría con las reseñas de libros. Por poco que fuera, las publicaciones especializadas algo pagaban a sus colaboradores. Esto es cada día menos frecuente. Una, por ejemplo, estaba financiado por Cajamadrid y pagaba un tanto, muy modesto, por cada reseña. Pero de la noche a la mañana Cajamadrid decidió eliminar esa publicación al retirarle su apoyo. Y Revista de Libros, que así se llamaba el periódico, desapareció.
Siempre esperas la mala noticia que puede ser de dos clases: que cierran y por tanto ya no hay nada que hacer o que se han quedado sin fondos por lo que ya sabes lo que tienes que hacer: voluntariado.
Publicaciones del prestigio como Le Monde Diplomatique en español, donde desde hace varios años publico reseñas de libros, a mí no me paga nada. Practico gustosa y generosamente el voluntariado. Escribir en esa revista mensual ya es un pago en términos de prestigio. Y con eso te conformas. Es más, deseas que les vaya muy bien, o lo bastante bien como para seguir apareciendo en los un mes tras otro en los quioscos.
Mientras Rafa Nadal obtiene no sólo victorias en el tenis y una muy alta y merecida retribución, sus sociedades tratan de eludir las cargas del fisco con estrategias de las que no sabíamos nada, pero que ahora revelan los periódicos. Quizá son legales esas estrategias, pero uno tiene la sospecha de que quien no corre vuela y de que Nadal está muy lejos del voluntariado. Y quizá muy cerca de la evasión de impuestos.
A los altos directivos de empresas públicas van a rebajarles un 30 por ciento sus elevados sueldos. Me parece muy bien. Y no hace explicar por qué. Ya no me parece bien que, por ejemplo, La Caixa le pague un sueldo cuyo monto ignoramos a la esposa de Iñaki Urdangarin quien, por su parte, recibe otro sueldo nada despreciable como consejero de Telefónica. He pensado que si los clientes de La Caixa y los de Telefónica nos retirásemos, digamos unos cuantos miles, y cambiáramos de banco y de empresa de telefonía, quizá pondríamos a la infanta y al marido de la infanta en régimen de voluntariado. Y esto estaría bien. Estaría mejor que lo que ocurre ahora pero pronto dejará de ocurrir, o mucho me equivoco.
Al rebajón de sueldos decretados por el gobierno del PP podría unirse el rebajón del coste de series o programas en la TVE, que es una institución pública. Hoy leemos en El País que un minuto de Águila Roja nos cuesta 11.400 euros, que no es poco. Y que un minuto de Cuéntame nos sale por la friolera de 12.100 euros. Y que por otro minuto del espacio La hora de Mota, con el gracioso tío de la vara en la pantalla, tenemos que pagar 12.200 euros. Para qué seguir!  Si no meten publicidad en el ente público vamos de cabeza a la ruina. Y si meten publicidad, vamos a lo que ya tuvimos y deseábamos perder: más anuncios por minuto que ninguna otra televisión.
¿Se pueden bajar los costes de esas series de éxito? ¿Habremos de pedir a sus responsables, artistas, guionistas, técnicos y todo lo demás que se apunten al voluntariado aunque sea por una temporada y hasta que acabe la recesión y empiece la resurrección?
Yo no me quejo de mi condición de jubilado sumiso a las leyes del mercado y al imperativo categórico del voluntariado, que ya es filosofía pura. Pero al menos me doy el gusto de no ocultar esta condición sino, muy al contrario, de pregonarla con moderado orgullo.

  18/02/2012  Peripecias por España
  No se pierdan la lectura de Mis peripecias por España, un libro de Lev Trotski que acaba de publicar la editorial Reino de Cordelia. Es un libro corto (180 páginas) y barato (5.95 euros) y créanme que no lamentarán adquirirlo: en mucho tiempo no leía yo páginas tan cómicas y mordaces que, escritas hace un siglo, conservan todavía una sorprendente actualidad. No quiero destripar esta obra del revolucionario permanente a quien Stalin ordenó matar en 1940 en México. La escribió en 1929 en Constantinopla, basándose en sus anotaciones del viaje que hizo por España al ser expulsado de Francia que, a diferencia de España, participó en la Gran Guerra. Trotski estuvo en Sebastián, Madrid y Cádiz. Sin cargo alguno fue detenido y encarcelado en la Modelo de Madrid.
Las mejores páginas relatan su estancia en aquella prisión que tenía tres clases de celdas: dos de pago (la más cara a 1.50 pesetas diarias)  y el resto gratuitas. Como él ocupaba una de pago, tenía derecho a pasear al aire libre dos veces al día, mientras que los que no pagaban nada –la inmensa mayoría de la población penal- sólo paseaban una vez ya que “las celdas no son mas que el reflejo de las desigualdades sociales existentes en España”.  Y añade que los que pagan “tienen derecho a una mayor porción de aire puro que los pulmones de los que respiran gratis”.
En Cádiz, y antes de ser embarcado a la fuerza en un trasatlántico rumbo a Nueva York, conoce Trotski a un joven gaditano que le pone al tanto de la penosa situación española: “Estamos en decadencia. Nuestros estudiantes  no aprenden. Nadie hace nada. Si los ayuntamientos gastan algún dinero, lo emplean en plazas de toros y no en puertos y escuelas. De esta situación sólo podrá sacarnos la República, y ésta sólo podrá venir con la guerra (…) Todos los partidos nos han engañado. Dinero. No hay ideas”.
¿Existió ese joven de 23 años o lo creó el mismo Trotski para retratar el momento español?
  17/02/2012  Franco, la coca cola y los Príncipes
  Franco está de moda. Ha sido la inspiración de Arco, la feria anual de Arte que se celebra en Madrid, donde lo vimos embotellado en una máquina de coca cola. Esta visión resultaba al menos refrescante.
Franco ha aparecido también reencarnado en teleñeco en el Intermedio de la Sexta, el único programa de risa que se la juega cada noche. Pero cuando ya estábamos encontrando divertido al ferrolano, algo pasó que nos lo quitaron sin más explicaciones. ¿Fue amenazado Wyoming? No sabemos. Lo quitaron de la pantalla sin dar explicaciones a los telespectadores. Cada cual puede pensar lo que quiera. Tal vez se le considera un símbolo del franquismo.
Pero lo cierto es que Franco está en el inconsciente de muchos españoles y en cuanto lo sacan de la tumba, por el motivo que sea, atrae nuestra atención y descarga nuestra adrenalina.
No atrae nuestra atención por méritos propios del Caudillo sino por las reacciones que su presencia desata en nuestra sociedad.
Así, por ejemplo, los Príncipes de Asturias evitaron encontrarse en Arco con el anterior Jefe del Estado que fue quien  eligió al actual, es decir al rey,  para sucederle en al cargo. Y algunos españoles se preguntarían cuál habría sido el gesto, mueca, visaje, guiño  o parpadeo que don Felipe (y su esposa) habría puesto al enfrentarse con el fantasma  de El Pardo.
La expectación que este año despertaba la visita de don Felipe y doña Letizia era muy superior a la de otros años precisamente por culpa de Franco. Sin Franco jugando al escondite con los príncipes en Arco esa gira perdió toda emoción. No hay mas que ver las aburridas imágenes de la pareja a lo largo de su recorrido, difundidas por los medios, para darnos cuenta del escaso interés que su presencia despertó. Era como si los hubieran llevado a una fábrica de conservas, algo que en cierto guarda bastante parecido con esta exposición.
Gracias a Franco hasta una coca cola parece lo que no es, pero casi es, por ejemplo una Pepsi, y los acompañantes de los príncipes, entre los que estaban la señora Botella de Aznar, y el señor José Ignacio Wert con sus coloristas corbatas  y sus patéticas meteduras de pata, no mostraron un sentido del humor del que carecen al no arrastrar a don Felipe hasta la máquina expendedora de la bebida más popular y más internacional que existe. Seguramente se trataba de no promocionar ni el continente ni, sobre todo, el contenido del aparato.

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