30/9/2009LA CRISIS DE LA PRENSAConferencia 2009 Grupos mediáticos, grupos de presión
Lo sabemos muy bien: los grupos mediáticos españoles están en crisis. Y
no se trata únicamente de una crisis económica sino también de
una crisis de valores éticos y morales que afecta a su
independencia y, por añadidura, a su credibilidad. Los grupos
mediáticos actúan como grupos de presión. Sus modos de ejercer el poder
y su forma de presionar no se diferencian demasiado de los modos al uso
de cualquier otro grupo de presión de los muchos que conocemos: el
Estado, los gobiernos autonómicos, la Iglesia católica, la Banca y ese
conglomerado de grandes empresas, nacionales o multinacionales que
rigen nuestras vidas.
No cabe el consuelo de que sea ésta una situación coyuntural y
por tanto pasajera. O de que el origen de los males se atribuya a
la caída de la publicidad (comercial o institucional) sin la que un
periódico difícilmente se sostiene. En el caso de los grupos
mediáticos, los expertos parecen estar de acuerdo en que esta
enfermedad, que se ensaña particularmente con la prensa escrita, no es
aguda sino crónica, y que su desenlace es el previsto en un
enfermo ya en fase terminal. El deterioro de los periódicos, diarios o
semanarios, presagia su desaparición. Y hasta se dan fechas de
defunción: en torno al 2040 en el mejor de los casos. Esto es puro
optimismo. Porque se trata de ver no tanto cómo se evita la agonía de
los medios sino cuándo va a producirse lo inevitable.
De ahí los ajustes de plantilla, los despidos masivos, las jubilaciones
anticipadas y toda una política de recorte de gastos –sin duda
peligrosa- que en mayor o menor medida, y con mas o menos discreción,
todos los medios están aplicando.
Es peligroso reducir el gasto de la información, materia prima de un
periódico. ¿Acaso cree alguien que se puede escatimar en esa
importantísima partida? Una información propia, contrastada,
original y solvente es incompatible con unos redactores a los que se
les ponen trabas para salir a la calle en busca de información, o para
viajar, investigar, hacer un seguimiento sistemático de un tema, ver y
oir –algo que siempre fue prioritario- en un periódico digno que
estimulaba a sus empleados a no caer en los hábitos del funcionario.
Pero hoy se les tiene atornillados a la silla como si esperasen una
ejecución, y son inmovilizados ante un ordenador conectado a
Internet, y un canal de noticias 24 horas, y una pantalla de
televisor que cultiva cierta idiotez visual en las antípodas de una
escritura alerta, imaginativa y rigurosa. Que informe otro, que
invente otro. Aquí, es suficiente lo que hacemos: cortar y pegar.
Bajo el titular “Falsedades, inventos y refritos en la aldea global”,
la defensora del lector del diario El País (12/07/09) hacía arriesgados
malabarismos para garantizar la credibilidad de este periódico luego de
haber reproducido una noticia sobre la autopsia de Michael
Jackson que resultó ser falsa, tomada con alegría pop de un medio
digital. En realidad, la argumentación de la Defensora del Lector era
una combinación de reconocimiento de culpa con atenuantes expuestos a
modo de eximentes en esa misma columna por el redactor jefe de Cultura,
a quien la Defensora le pasó la pelota: “La prensa sensacionalista
también puede dar exclusivas, y aunque no tiene la credibilidad
de la prensa rigurosa –escribía Borja Hermoso- no podemos ignorar lo
que publica (….) Éramos conscientes de que (la noticia) a las dos horas
podía ser desmentida, pero también podía ser verdad. En un medio on
line la información se va dando y modificando constantemente”.
Y esta es la cuestión. Quienes se pasan la vida recibiendo embustes o
medias verdades on line que luego se confirman como tales o entran en
la categoría de ser verdad, esos no tienen por qué ser los lectores de
un periódico riguroso que esperan una información contrastada cuando se
disponen a leerla. El rumor o las especulaciones, aun advirtiendo que
solo son eso, están de más en un medio de referencia que a las dos
horas de publicar no puede desmentirlos.
Que se teorice en torno a “la dramática disyuntiva entre rapidez y
seguridad” no tranquiliza al lector. Lo confunde. Y lo distancia de ese
medio por la desconfianza que le inspira al copiar algo del caos
informativo que nos brinda la red, incurriendo en lo mismo que
denuncia: “la obsesión de llegar primero a cualquier precio”. Además,
para esto ya disponen los grandes diarios de ediciones digitales
propias. Pero aclaremos que al decir cualquier precio se entiende que
ese precio puede ser la mutilación de la verdad y, a un paso de ello,
anida la mentira.
Me resisto a creer que ésta pueda ser una de las recetas capaces de
curar a un periódico de sus males endémicos. Porque si eso es lo que
nos espera, no ya el futuro que es negro, sino el mismo presente
de los grupos mediáticos debe espantarnos. Cadenas de radio,
televisiones o sub- ediciones digitales de unas y otros emprenden una
carrera desenfrenada hacia la misma locura, hacia el suicidio asistido
por un engaño rápido cuyo fin no es otro que el de obtener una
venta también rápida pero de un producto desprestigiado.
La amenaza de la prensa escrita, o su salvación una vez reducida
a cenizas, está creciendo en su propia casa. Es Internet.
Son los periódicos digitales en los que salvo muy contadas excepciones
no se escribe, se garabatea y se mezcla opinión e información,
añadiendo al circo global un espectáculo interrumpido de
exhibicionismo y banalidad. Se improvisa. Es el mejor territorio
para agredir. En vez de información de calidad se oferta
propaganda barata. Derecha contra izquierda. Un partido político contra
el opuesto. A degüello. Hay como una comparsa de ególatras colgados de
un hilo tramposo y sobre todo mareante.
De la mentira escribió Adorno en 1945 algo mas que aquella
ingeniosa frase: “Las mentiras tienen las piernas largas: se adelantan
al tiempo” (Minima Moralia, Akal, 2006). También escribió, un año
antes, que “entre los avezados espíritus prácticos de hoy, la mentira
hace tiempo que ha perdido su limpia función de burlar lo real. Nadie
cree a nadie, todos están enterados. Se miente sólo para dar a entender
al otro que a uno nada le importa de él, que no necesita de él, que le
es indiferente lo que piense de uno. La mentira, que una vez fue un
medio liberal de comunicación, se ha convertido hoy en una más entre
las técnicas de la desvergüenza con cuya ayuda cada individuo extiende
en torno a sí la frialdad a cuyo amparo puede prosperar”.
La inexactitud, incluso alguna falsedad que antes se atribuía al
duendecillo que comete pifias y errores en los talleres del
linotipista, es hoy las mas extendida técnica de la desvergüenza a cuyo
amparo prosperan políticos y periodistas. ¿Convendrá redefinir el
concepto de mentira en los llamados libros de estilo de los
periódicos?. Si la mentira no necesita desmentido, solo una leve
corrección actualizada en Internet, ¿para qué destinar un sueldo a un
Defensor del Lector?
Ese dinero se destinaría, como ya hacen algunos grupos mediáticos en
medio mundo, a pagar exclusivas invocando el interés del ciudadano: The
Telegrah pagó 340.000 euros por un CD con los datos de parlamentarios
británicos que dedicaron dinero público a sus caprichos privados, tales
como cambiar la tapa del váter de la casa de campo, pintar la jaula del
loro o comprar una segadora de césped de última generación. El
periodismo de chequera gana terreno. La publicidad pagada a cambio de
viajes informativos en los que obviamente nada se critica sino que todo
se elogia, recuerda demasiado otros tiempos, en absoluto mejores, y la
equipara con esos cruceros gratuitos que los laboratorios
farmacéuticos ofrecen a médicos que luego recetan con generosidad las
marcas que precisamente financian sus vacaciones (esposa o compañera
incluida). Se señala con hipocresía a la prensa rosa, a la
televisión rosa, que no engañan a nadie, cuando toda la prensa se
ha vuelto rosa y la misma Televisión pública ofrece los mejores
cotilleos sexuales en exclusiva, o innumerables crónicas morbosas poco
antes del informativo de las tres de la tarde y, para rematar bien la
faena, otro tanto antes del telediario de la noche. Da igual una
violación que los cuernos de una modelo en la testuz de un torero. Y ya
no se salva ni la mujer del tiempo.
A un delincuente como Julián Muñoz se le propone participar (con
retribución) no sólo en un programa de Telecinco sino también en un
debate sobre Periodismo y corrupción en una Universidad: “No
quiero que un ex presidiario enseñe a robar a los ciudadanos, como él
hizo en Marbella (…) Me avergüenza pensar que parte del dinero de mi
matrícula, aunque sea un céntimo, vaya a parar al bolsillo de alguno de
estos personajes corruptos”, escribió en una carta al director una
alumna de la Universidad Juan Carlos I (Marta Rodríguez Casares,
El País 12.05.09).
Los periódicos, es justo decirlo, se comportan a veces como hombres
anuncio con una pancarta en el pecho que proclama una cosa y otra
pancarta en la espala que sugiere lo contrario. Todos niegan practicar
la censura –vivimos en una democracia- y la condenan enérgicamente en
sus editoriales. Pero llegado el caso, incurren en lo que denuncian
cuando les viene en gana. Un anuncio de Le Monde Diplomatique remitido
por esta publicación para ser insertado en las páginas del suplemento
literario de El País, Babelia, tal como venía haciéndose durante cuatro
años fue vetado por el diario considerado el mas influyente y
progresista de España. El anuncio reproducía el título de un artículo
de Pascual Serrano, “El grupo Prisa se tambalea”, entre otros trabajos
destacados de primera página, artículo que desvelaba la gravísima
situación económica del grupo PRISA. El departamento de
publicidad del diario El País remitió el 7 de marzo de 2009 una
nota a la administración de Le Monde diplomatique en la que decía que
no se iba a publicar ese anuncio y añadía que “el motivo es que no ha
dado su autorización la redacción de EL PAIS”.
Cualquiera que conozca un poco el funcionamiento piramidal de un
periódico sabe que la palabra redacción debe ser sustituida por la
palabra dirección. Pero la práctica aunque ocasional de la censura
lleva precisamente a esta perversidad: los subordinados son
responsables de la decisión de su jefe.
En Wikipedia puede leerse una entrada dedicada al grupo PRISA que dice
lo siguiente: “Crisis: a finales de 2008 parece evidente la crisis del
Grupo. Durante ese año sus acciones se desplomaron en torno al 80% y su
beneficio neto (83 millones de euros) se redujo un 56,8%. La empresa ha
suspendido el pago de dividendos a sus accionistas, lo que nunca había
sucedido desde que empezó a cotizar en bolsa. Además PRISA tiene una
deuda d 5.000 milllones de euros, de los cuales debe devolver, antes de
marzo de 2009, casi dos mil millones”.
En la misma página de Wikipedia hay otro epígrafe que señala: Polémica.
“La exactitud de la información de este artículo está discutida. En la
página de discusión puedes consultar el debate al respecto”.
¿No era oportuno que los lectores de EL PAÍS tuvieran noticia de la
aparición de un documentado, y también irrefutable artículo, publicado
en Le Monde Diplomatique cuando pocos meses después de vetar el
anuncio, es decir, un simple enunciado de un artículo, celebraba el
grupo PRISA Junta General en la que los datos del artículo en
cuestión serían confirmados? Pero la censura, que es una torpe
manifestación de arrogante prepotencia, produjo el efecto que
probablemente pretendía evitar. El artículo de Pascual Serrano mereció
una difusión, dentro y fuera de la red, muy superior a la esperada y el
censor cayó en la trampa tendida por él mismo, algo que produjo asombro
e indignación general, además del natural regocijo entre sus
competidores.