escritura interior
  
 
  27/01/2012  División
  No nos engañemos: la principal división del género humano no está entre ricos y pobres, felices o desgraciados, inteligentes o torpes, civilizados o salvajes. La principal diferencia del género humano está entre viejos y jóvenes.
  26/01/2012  ¿Es un coñazo Borges?
 

Hace años oí decir por la radio a un escritor español de éxito comercial que Jorge Luis Borges era un coñazo.

Lo dijo de un modo tan rotundo que su entrevistador ni siquiera le pidió que explicara por qué. Pasó a otro tema. Y yo también cambié de emisora.

Antes y después de escuchar semejante opinión, que Borges es un coñazo, yo había leído casi toda su obra sin darme cuenta de que era un coñazo.

Ahora he vuelto no sólo a leer a Borges, algo que hago de cuando en cuando (como hago con Kafka), sino que además estoy leyendo entre unas lecturas y otras de Borges un libro de Bioy Casares, confidente de Borges durante muchos años, que desvela aspectos desconocidos de la personalidad de Borges, todos ellos fascinantes.

Bioy Casares escribió una especie de dietario dentro de su diario  dedicado a Borges. Es un libro inmenso, como exige un autor tan coñazo como Borges, y es un libro extremadamente ameno porque Borges da el coñazo con amenidad.  Por si me quedaban dudas acerca de la amenidad, culta y sorprendente, de Jorge Luis Borges, el anecdotario que contiene esta crónica de los encuentros entre Bioy y el autor de El Aleph las despejan por completo.

Conviene leer con calma este volumen que, además, tiene varios índices que facilitan la consulta por materias, fechas y nombres, aunque lo cierto es que ningún aparato auxiliar será nunca suficiente para ocuparse de Borges. Se le puede entrar por infinidad de lugares, dejarlo y retomarlo. Y siempre es nuevo y se basta a sí mismo. Siempre es el escritor inesperado.

Sólo para lectores ellos mismos aburridos resultará un coñazo Borges. Para el resto, es todo lo contrario. Es estimulante.

Hace un rato acabo de leer algo que me ha hecho gracia. Lo cito de memoria. En cierta ocasión, encontrándose en Madrid Borges, alguien por detrás lo llamó insistentemente: “¡Soy Gerardo Diego, soy Gerardo Diego!”, repitió varias veces. Y Borges se volvió algo irritado y repuso: “Pero, ¿en qué quedamos? ¿Es usted  Gerardo o es Diego?”.

A mí, que no leo libros de aventuras de nadie a excepción de los inclasificables libros de las alucinantes aventuras de Borges, me  traen bastante sin cuidado los exabruptos que se oyen de cuando en cuando por la radio. Los soltaba Umbral. Una vez muerto Umbral hay imitadores que los siguen soltando. Son como los políticos. Lo mejor es ignorarlos.

  26/01/2012  Vuelve la normalidad
 

¡Ay, ay, ay! ¿Qué hago?, se pregunta Camps.  ¿Canto victoria de una vez por todas, o aún me espera lo peor si recurren el fallo y vuelvan a sentarme en el banquillo?  ¿Habría hecho un juez profesional, que no fuera amigo mío, esta misma chapuza? ¿O caeré en el próximo juicio?

Francisco Camps está preocupado. Me pongo en su piel y yo también estaría preocupado. Que cinco miembros de un jurado popular de nueve te declaren no culpable, no significa que seas inocente.

¿O acaso Camps es inocente?

Camps iba a declararse culpable y en el último momento cambió la estrategia. Decidió afrontar el juicio. Ahora ha aplazado su futuro  castigo.

Quien niega los cargos y rehúsa afrontar la verdad persistiendo en la mentira sabe que corre un riesgo. Camps corre ese riesgo. Se deshilacharán antes los trajes que el caso penal de Francisco Camps.

Lo de menos es que comparezca un cadáver político en la sala. Cuando un político no ha dejado de descomponerse paulatinamente, llega un momento que ese político apesta. A nadie le interesa que ocupe cargo público alguno. ¿Para qué? ¿Para que reincida?

A Camps no le remuerde la conciencia. No precisa regenerarse. Nada de cuanto oímos y supimos durante el juicio iba con él.  Es intachable.

¿Aislar a Camps como a un ser infeccioso con capacidad de contagio masivo?  ¿Quitarlo de la circulación?

En cuanto a Costa, salta a la vista que sólo se trata de un ingenuo aprendiz de conspirador, un torpe embustero, presuntuoso y banal. Da pena. Y algo de risa.

 

  25/01/2012  Inocentada
  Como Camps y el otro han sido declarados inocentes por un jurado popular valenciano, el pueblo  valenciano es culpable de esta inocentada.
  25/01/2012  Gibson & Buñuel
  El hispanista Ian Gibson lleva varios años trabajando en una biografía monumental de Luis Buñuel. He hablado varias veces con él. Admiro su energía y su perseverancia. No es fácil luchar en un proyecto de esta envergadura en nuestro país. Aquí se han despilfarrado fondos en todo menos en cultura.  Gibson no dispuso de los medios o ayudas que cualquier otro investigador habría recibido en el extranjero. Gibson es un hombre libre. Y este es el precio.  Sus biografías de García Lorca y de Dalí lo consagraron dentro y fuera de España. Su entusiasmo y no sus ganancias económicas lo distingue.
Pude percatarme hablando con Gibson de que Buñuel ha fascinado y secuestrado al historiador. Viven juntos. Uno en el interior del otro.
Gibson ha descubierto, contrastado, ordenado y relacionado infinidad de instantes y episodios  clave tanto en la vida  como en la obra del cineasta. Gibson, que él mismo es un hombre vehemente y un creador apasionado, sabe que este libro culmina su carrera de  biógrafo. Ha tirado la casa por la ventana. Sólo falta que también se se arroje él detrás.  La biografía de Luis Buñuel dará la vuelta al mundo.
Desde hace cuatro décadas conozco a Ian Gibson, un profesional exigente, infatigable, riguroso y además lleno de humor. No abunda esta cualidad, el humor, en su especialidad. No sé por qué muchos  biógrafos confunden el hecho de tomar en serio su trabajo con una extraña necesidad o tendencia a mostrar el perfil del biografiado desde un ángulo severo, incluso cuando se trata de un cómico. Con ello merman la riqueza y la humanidad del personaje. No lo hace así Gibson. Lo advertimos en su libro de Dalí, un genio antipático; en el de Camilo Jose Cela, aún más antipático. Pero ni en uno ni en otro   el biógrafo Gibson evitó el uso oportuno de la ironía sabiendo perfectamente de lo que hablaba. Es decir, conociendo la obra pictórica de Dalí y la literaria, como también conocía la de Camilo José Cela al dedillo. Y prueba de ello es que precisamente esta biografía de Cela se articula sobre doble cronología: la de la vida del premio Nobel y la de la aparición de sus novelas.
Hace escasos meses tuvimos una edición ya definitiva de la aclamada biografía de García Lorca,  otro genio, pero divertido, con un aparato documental apabullante. Quizá la biografía de García Lorca sea la más trágica que llegue nunca a las manos de un lector. Es una obra maestra en todos los sentidos.
Ahora  sospecho que Luis Buñuel se nos va a presentar como el genio a quien Gibson ha desmontado pieza a pieza como un reloj, y ha vuelto a ensamblarlo después de mostrar sus entresijos y de estudiar sus movimientos.  
Así que todo esto es lo esperamos de Ian Gibson. Más que en cualquier otro momento conviene leer ahora la biografía de Buñuel, inseparable de su obra cinematográfica, en estos tiempos de pesadilla bufa que corren  en nuestro país, la imagen temblorosa y detenida.
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