escritura interior
  
 
  20/01/2015  Tránsito conceptual
 

Qué lejos estoy de entender el arte conceptual. Y si no lo entiendo qué lejos estoy de poder disfrutar ese arte. De manera que una de dos: o me instruyo para saber cómo hay que interpretar lo conceptual en arte –y lo disfruto como otros entendidos lo saborean- o renuncio a ver las obras de arte conceptual carentes de interés, de belleza o de imaginación artística.
Fui al IVAM no para hacer acto de presencia en la inauguración de esta nueva etapa con un nuevo director sino más bien para deshacer mi presencia entre un público hacinado que deseaba, pienso yo, satisfacer su curiosidad por la obra expuesta (seleccionada entre los fondos propios, ocultos de este museo) y también para verse unos a otros viendo esas obras. Luego sirvieron vino.
Doy gracias a este sexto sentido que desarrollamos las personas con cierta edad para no tropezar con obstáculos y acabar por los suelos. Porque apenas franqueada la entrada del museo había una especie de barra transportadora de equipajes –una larga cinta montada en hierro- que partía en dos el vestíbulo a una altura que no llegaba a un metro. Si no prestas atención y las masas impiden que mires donde pones los pies, el batacazo puede ser memorable.
Algunos se saltaban el trámite conceptual y, sin saber quizá qué clase de arte era el que sugería la barra y la cinta móvil, la pasaban por alto exponiéndose a deteriorar la pieza, a desbaratar la instalación o a partirse la espinilla.
Todavía hoy, transcurridos varios días de la inauguración, no me atrevía a indagar si aquella noche registró accidentados y si alguno fue de gravedad.
Pude también haber caído como en un montón de gravilla gris, con piezas ocurrentes de color amarillo todo ello en forma de pirámide. De nuevo la instalación era de escasa altura y resultaba prácticamente imposible divisar dónde se hallaba puesto que el público formaba una masa compacta y la pirámide carecía de protección alguna. O con habilidad lograbas no meter la pata en la grava, o si la metías y deshacías la forma pensada por el autor te cargabas un exponente de arte conceptual.
Desde una pared a otra corría por un cable un pellejo de vino muy  lentamente. Cuando llegaba a topar con el extremo opuesto, el pellejo emitía una quejido intenso, casi un aullido. El pellejo se desinflaba si no de vino de aire, y la gente no sabía qué estaba sucediendo. No había manera de interpretar lo conceptual mas que poniéndote en el lugar del pellejo. Temí por algunos asistentes, por ejemplo, temí por la integridad física del señor Grisolía que arrastraba a su esposa en una silla de ruedas abriéndose paso con infimito y conmovedor esmero.
Casi caí sobre una de las cuatro o seis camas (patas y un colchón) alienadas en el centro de la sala, separadas unas de otras unos 50 centímetros, muy bajas, muy tramposas. Parecían esperar que te despistaras y, ¡pumba!, aterrizaras sobre esos jergones.
Lo más interesante, oí decir, eran unos monitores de televisión que sacaban chispazos, como rotos por dentro, y que ocupaban un buen trozo de pared, ya al fondo de la sala. Pensé en la evolución de la electrónica como especie. Tal vez era este el concepto de la obra. No sé.
Saludé al nuevo director a quien se le veía contento. Saludé a algunos cargos del mundo oficial del arte en Valencia, rostros que me cuesta identificar y que, conceptualmente, me desconciertan. Ignoro si los reconozco de algo o de nada. Si puede tratarse de un camarero que se quitó la chaqueta y perdió su identidad. O de un profesor de Universidad a quien la víspera me pareció ver en una cafetería, o en una librería.
No compré el catálogo que se vendía al precio de un menú, 15 euros, si no me equivoco, porque no puedo entender lo conceptual y para qué acumular más papel en casa.
Entre el edificio del IVAM y las escalinatas que son empinadas y llegan a parecer gradas de un estadio, habían puesto una casita tubular de hojalata. El público se metía para sentir algo a cubierto, supongo. Era una instalación llamada a lo sensorial. Había cola. Luego era un éxito. Dos días más tarde llovió a cántaros. Quizá se cobijó por las buenas uno de los innumerables sin techo que tiene desperdigados esta ciudad.
He hablado con un buen amigo que entiende mucho de arte. Le he pedido que me explique cómo debe visitarse una exposición de este tipo. Me ha remitido a unos videos colgados en Internet y producidos por un crítico canadiense que escribía en The Times y fue arrollado por un coche. Ya sé de quién se trata.
 

  11/01/2015  Más de un millón... y Rajoy allí.
 

Más de un millón de personas se manifestaron en Paris  contra el terrorismo. Todos son Charlie, es decir, todos son víctimas del mismo asesino que mata por intolerancia. La manifestación es, pues, una protesta masiva contra la intolerancia.
El semanario satírico Charlie, en crisis económica pero fiel a su causa y estilo, sufrió las consecuencias de la intolerancia en grado extremo: diez redactores, entre ellos algunos dibujantes muy populares en Francia, fueron abatidos por los disparos de dos pistoleros, hermanos de sangre, al servicio del terrorismo islamista. A un policía que patrullaba por la calle le dispararon y lo remataron en el suelo. La intolerancia tampoco tolera la supervivencia de un herido. La intoleancia no conoce la compasión.
A esta gran manifestación parisina acudieron para mostrar su solidaridad varios jefes de Estado o de Gobierno  no solo europeos sino de algún que otro país donde la población vive bajo la intolerancia de sus líderes. Pero eso, al parecer, carecía de relevancia.
La manifestación se desarrolló pacífica y ordenadamente.  La he seguido por la televisión francesa que mostraba un rótulo fijo en la pantalla con la palabra República. Por tanto no era de extrañar que nuestro rey estuviera ausente en un acto que se desarrollaba bajo esta invocación republicana y no bajo la de una monarquía que el pueblo francés abolió en su momento.
Con la protección adecuada, y en cierto modo grotesca, el representante de Israel no estaba lejos de la autoridad Palestina. Este corpulento judío era poco menos que llevado a hombros por sus guardaepaldas: uno lo sujetaba desde atrás por el hombro y el otro lo agarraba por la cintura.
Nuestro Rajoy fue blandamente del brazo del británico Cameron, una pareja menos dada a las multitudes que  a la muelle comodidad  de sus despachos.
Cuando Rajoy aterrice en Madrid luego de esta caminata sin el Apóstol esperándole en la meta, deberá meditar sobre su propia intolerancia, sobre su miedo a la libertad de la prensa y a decir la verdad. Deberá recapacitar si la televisión y la radio públicas que pagamos entre todos los españoles puede seguir estando a su  servicio, como lo está, y  puede seguir practicando la censura o su habitual tendenciosidad. Desde Paris, Rajoy parecía burlarse de nosotros al exhibirse como un líder demócrata que rechaza la intolerancia y el terrorismo cuando aquí se comporta él mismo como un intolerante y un embustero patológico.
Ahora lo más inquietante no son los guiños burlescos de Rajoy, a los que nos tiene acostumbrados, sino que  la circunstancia criminal que se ha vivido en Francia, lo anime a apretar las tuercas en España y no precisamente contra el terrorismo islamista sino contra las libertades de quienes no somos terroristas ni seguidores de sus febriles políticas.

  11/01/2015  Un titular que miente
 

La defensora de los lectores de El País reprueba el titular de una información destacada en primera plana de este periódico que afirmaba días atrás que “La fiscalía ve indicios de delito en las finanzas de todos los partidos”.

Con razón han protestado muchos lectores (y también algunos partidos) en los que la fiscalía no ve indicios de delito porque sus finanzas, mientras no se demuestre lo contrario, están limpias.  Ya sabemos que hay corrupción en los partidos y en los políticos, en el gobierno y en la oposición. Pero cuando se señala con el dedo la corrupción en todos los partidos hay que estar seguro de que esto es así. Y como no es así, el titular ha indignado a cualquier lector por poco exigente que sea. El titular confunde una parte con el todo.

¿No es este un buen ejemplo de un mal periodismo? Creo que sí. El titular  falta a la verdad.

Cuando se produce un naufragio, o un accidente aéreo o ferroviario con víctimas mortales no se puede anunciar que todos los pasajeros han fallecido cuando algunos sobrevivieron. No se trata de un error. Ni de una errata. Se trata de una falsedad.

¿Compra alguien un periódico para leer enunciados que son mentiras?

 

  06/01/2015  Reina Cristina de Borbón y Urdangarin
 

A medida que vamos saliendo de la crisis económica –o eso dicen Rajoy y los suyos- vamos saliendo también del oscuro secretismo de las corrupciones político-financieras de los partidos políticos.
Se nota demasiado el interés que este gobierno del PP tiene en que se destapen los pozos ciegos rebosantes de mierda de todas las formaciones políticas, a las que mejor sería llamar deformaciones políticas.
Ya que el PP figura en lo más alto de las corruptelas con altos cargos de este partido en prisión o a las puertas de la cárcel, la forma más rápida de recuperar prestigio para ganar las próximas elecciones consiste en hacer que lo pierdan sus adversarios. El  procedimiento infalible es sacar a la luz todos los trapos sucios de sus adversarios. Cuantos más y más guarros, mejor.
Si todos los partidos somos una mierda, pensará Rajoy, cuando le da por pensar, no nos dejemos a ninguno fuera de la lista negra. No ganará el que demuestre tener menos mierda sino el que demuestre que la mierda de los otros los desautoriza para derribarnos del poder.
Como del Rey abajo nadie se salva, parece acertado que la infanta Cristina no renuncie a sus derechos sucesorios y que, como hace el gobierno de la nación, pueda en su momento demostrar que toda su familia es corrupta y que, en cuestión de pesos y medidas de la mierda real, la suya es la que mejor podría ser valorada.
Ahí tenemos a sus parientes de la corona británica. El príncipe Andrés está de mierda hasta las orejas (apéndice muy apreciado en la dinastía) pero no por ello  Llelicidades.  del . icos.Porque rde Borbamor conyugal y la falta de memoria de sus corruptelas  que se nos muestra ario. M comha dejado de representar al Reino Unido en misiones internacionales en determinados países donde sus dirigentes, emires y príncipes de reconocida sinvergonzonería, valoran la mierda de la corrupción por encima de otros méritos.
Yo imagino a doña Cristina, todavía duquesa de Palma, esposa de un corrupto e insaciable corruptor de políticos, al frente de la Casa Real. Quiero decir, que la veo ocupando en el futuro  el trono con la experiencia adquirida después de ocupar un banquillo de los juzgados de la isla de la que es duquesa.
No es ninguna idea descabellada. Al contrario. Más lógica que esta hipótesis no encuentro plausible ninguna otra.  
Para llegar a esa situación solo es necesario que los casos de corrupción registrados en la Casa Real muy a pesar de la transparencia, lleguemos a conocerlos con el mismo detalle que se nos muestra la corrupción de los partidos políticos. Porque  los obstáculos que la separan del trono en el desorden dinástico previsible, irán desapareciendo.
La infanta profesa un amor conyugal a prueba de juzgados. Posee la virtud del olvido de sus propias corruptas complicidades.  Llegará a lo más alto y será coronada reina: Su Majestad doña Cristina de Borbón y  Urdangarin.

  04/01/2015  Teoría del Desconocimiento
 

Tal como va el mundo, los estudiantes de  Filosofía  deberían abjurar cuanto antes de la inútil  Teoría del Conocimiento y apostar, en cambio,  por  la prometedora  Teoría del Desconocimiento que abre todas las puertas de par en par a nuestra titulada emigración universitaria.



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