escritura interior
  
 
  27/06/2015  Manuel Jabois y el mal de Dios
 

Leo a Manuel Jabois desde que fue fichado recientemente  por El País. Me gusta cómo escribe y argumenta sus comentarios. Es un buen columnista. Centra el  tema a desarrollar y en poco espacio acierta sin retórica o pedantría, que es el mal de los llamados creadores de opinión.
Su columna de hoy titulada "El mal Dios", cuando varios atentados yidahistas ocupan la primera página de los periódicos,  lleva a Jabois a sentenciar  que "un mundo sin Dios  sería objetivamente mejor". Y añade que sería un mundo sin coartadas tanto para hacer el mal como el bien.
¿Cree Jabois que el mundo ateo de la URS bajo Stalin fue un mundo objetivamente mejor sin Dios o tal vez subjetivamente peor?
En  estos mismos términos he dirigido un carta a la escuálida sección de cartas al director de El País. Pero sospecho que no será publicada  ya que mi nombre no gusta a la cúpula de ese diario en el que escribí durante veinte años.
Traslado a mi página -sin censura alguna- esta objeción sobre la ocurrente columna de Manuel Jabois.
Para bien o para mal, debo añadir que yo no creo en Dios.

  25/06/2015  ¡Uno menos!
 


No quiero escribir –o sea, no quiero pensar con palabras- sobre política. Lo primero es que no la entiendo. Lo segundo es que no me interesa entender algo que me parece del género tonto porque la mayoría de los políticos lo son.
Sobre la política de los tontos lo único que se puede decir es no decir nada, o lo menos posible.
Esto no significa que renuncie a comentar algunas cosas que rodean la política y me llaman la atención. Lo primero son los comentaristas políticos. Hay hombres comentaristas (a veces se hacen llamr analistas políticos)  y mujeres que se parecen a los anteriores. Analizan, comentan, sentencian y cobran unos más que otros por hacer ese trabajo. Sospecho que algunos cobrarían por no hacerlo. Quiero decir que el público les pagaría un sueldo  para que estuvieran callados (si son radiofónicos), invisibles (si salen en la tele), o con los dedos quietos (si escriben en la prensa).
Hoy, por ejemplo, he leído en varios periódicos los comentarios políticos de sus más destacados analistas políticos. Hasta esos que se las dan de graciosos y ocurrentes me sulfuran.  Hay una columnista que siempre  quiere dar a sus análisis un toque   doméstico. Como si escribiera y hablara en la cocina de su casa, al puro estilo de las escribanas de los discursos de los presidentes de los Estados Unidos, que se ponen delantal y  guantes de fregar.
Estas periodistas podrían trabajar en una línea erótica   mejor que en un programa de la mañana de cualquier radio. Sus   insulsas majaderías  calientan  al oyente. No las soporto.
Los hombres demenuzan la noticia política del día desde su personal perspectiva y acaban diciendo que lo que han expresado es solo  su opinión, o sea, otra imbecilidad entre más pausas publicitarias. Los anuncios son más interesantes que los analistas y  mucho más interesantes que los políticos. 
Los comentaristas que además de comentar analizan, son  la crême de la crême. Mzclan la  leche de vaca con la de cabra o la de burra. Su oferta es especial:  dos por uno. Sus paparruchadas me hunden enla miseria.
En la cadena SER hay un sagaz comentarista que  todo lo ve con su ojo izquierdo. No está tuerto. Pero como su espacio se llama así,  el ojo izquierdo, y él mismo se llama Izquierdo,  todo encaja a la perfección.
Si no estoy en la ducha cuando empieza el rollo visual, apago la radio. Pero si ya estoy bajo el chorro de agua de  la ducha no puedo cerrarle la boca.  Este analista ha sido un fumador empedernido.  Se nota porque resuella y se asfixia al hablar. Esto  añade sufrimiento al oyente.   Menos mal, que asus humos no viajan por las ondas hasta un cenicero de un 600,  comolas cenizas de  600 millones de judíos que tanta gracia hacen al chistoso autor de un tuit cuyo nombre no quiero recordar.
Que un político de mierda se crea humorista, sea del partido que sea y diga las cosas que le de la gana  en la red, es condición de bastantes políticos. Los oyes y primero vomitas y luego haces gárgaras.   Los que dicen animaladas en Twitter nos hacen un favor:  ya lo tenemos catalogado. Si desempeñan un cargo público no vamos a confiar en ellos y sabemos que en algún momento los echarán a la calle.
Muchos de los problemas que tenemos en España son de cultura, algo que nadie sabe cómo definir. ¿Es cultura que las vaquillas volteen o incluso maten a los que les tiran del rabo y solo quieren defenderse corneando en la plaza del pueblo?  Duelo pero  el año próximo, más de lo mismo..
El otro día crucé por el paso de peatones una calle con el semáforo en rojo.   No ví el semáforo. Esto me ocurrió en la calle Periodista José Ombuena, cerca  de donde estuvo la redacción del diario las Provincias, de Valencia,  cuyo director era parecido a un sapo rescurridizo, fiel al Régimen y adicto al  fascismo de la dictadura.  Tal vez por eso tiene un callejón  dedicado a su memoria. El conductor del automóvil que se aproximaba aminoró la velocidad y me saludo amablemente. O sea, me perdonó la vida. Lo agradezco. Pero al otro lado de la acera  me esperaba un individuo de unos 60 años con el rostro avinagrado.  Aunque  no tenía vela en el entierro, me increpó: ‘¡Fíjese un poco más, hombre, aunque si no se fija tampoco importa: ¡uno menos!
Esto pedía una respuesta.  "¿He oido bien? ¿Acaba de decir  uno menos? ¿Por qué? ¿Desea verme atropellado para  mermar la población?”
Quiso arreglarlo pero le corté. “No se moleste,  lo va a estrpear tdavía más", le dije al patibulario peatón. Esas  dos palabras formaban  un tuit rotundo y breve: ¡Uno menos!
Vuelvo a los políticos. La señora Carmena, nueva  alcaldesa de Madrid tiene algo que me gusta mucho. Se trata de su  reloj extra plano del tamaño hombre, con la esfera blanca y la correa negra. Me fascina la sencillez de ese reloj hasta el punto que  ya no me fijo cuando sale en la tele en la ropa que lleva, ni en su boca torcida como la de Rajoy, siendo tan distinta de Rajoy. ¡Lástima que la señora Carmena no expulsara al autor del tuit de los judíos en el acto y sin palabrería.   Pero ese reloj que lleva marcará la hora de hacerlo. Y si no, qué importa. Aunque el reloj de la alcaldesa de Madrid se parase, seguiría gustándome tanto o más que su dueña.   

  22/06/2015  Los más plúmbeos
 

Cada vez que Artur Mas se toca las gafas, me toca las narices. Cada vez que los tertulianos de radio o televisión multiempleados y sobreexcitados a todas horas comentan la talla XXL de la bandera española que usa Sánchez me siento como un lavaplatos sin  trapo de cocina. Lo mismo arremeten contra el largo de la minifalda de Letizia que el corto de la inteligencia de su marido.  Detesto el sermoneo de Iñaki Gabilondo en la misa de la SER a las 9 de la mañana (menos mal, me pilla arrodillado) y odio al asfixiante Izquierdo con su ojo a la funerala resollando por el micro en la misma capilla. Pero si cambio de estación o de canal aún salgo perdiendo. Las mismas majaderías y los mismos anunciantes aunque con distintas tarifas.
Leo con mayor interés las necrológicas llamadas ahora obituarios. ¡Qué gusto proporciona el silencio de los muertos en este crematorio de los vivales a pesar de los textos que, por ejemplo, en El País, suele dedicarles el pequeño adulador llamado Cruz.

  19/06/2015  Desconsuelo Ciscar
 

Aunque no creo que UGT ignorase los abusos delictivos de la ex directora del IVAM, Consuelo Ciscar, más vale tarde que nunca. El sindicato de los trabajadores caba de denunciar el presunto rosario de delitos  ante la fiscalía -como es su obligación- y esto puede iniciar el procesamiento de la prepotente  Ciscar  que gastó en caprichos y compra de obras de arte más de lo que merecían sus veleidades personales y, desde luego, los autores de las obras adquiridas. Hasta ahora no llegó la sangre al río. Pero la aguas se teñirán pronto  del mismo color que la inflamada cabellera de la desconsolada Ciscar.

  17/06/2015  Infanta Cristina, al trono
 

Estoy avanzando a pasos agigantados en la escritura de una novela de política-ficción en la que por fallecimientos sucesivos y vertiginosos alcanza el trono la Infanta Cristina de Borbón que hoy ocupa la sexta posición en la línea sucesoria.
Muertos los cinco que la precedían en la lista de espera, la Reina Cristina se convierte en Jefa del Estado y ni ella ni su marido Iñaki Urdangarin tienen que afrontar juicios absurdos ni devolver el dinero que birlaron a los contribuyentes. La pesadilla quedó atrás. Todo olvidado.
Han recuperado los  títulos y la respetabilidad que el hermano muerto, Felipe VI, les arrebató.
Uno de los primeros actos de la nueva reina será el restablecimiento de la condición de plebeya a su cuñada y viuda doña Letizia. A esta escuálida figura le reservo el papel de astuta intrigante palaciega.
Dado que en Ginebra los ex duques de Palma fueron tratados como banqueros, recibiendo frecuentes visitas de la reina madre doña Sofía, los exiliados Cristina e Iñaki adquirirán una grandísima mansión en la ciudad suiza para la prole, y otra mansión en la capital griega donde su madre, nacida allí,  gozará como merece el resto de su vida hasta la edad de 102 años.
Nuestra nueva soberana reanudará su estrecha relación con su padre cazador Juan Carlos I  y la compañera de turno, sea quien sea.
Por fin todo irá sobre ruedas. No recibirán a los nobles y grandes de España, como hizo  Felipe VI ayer,  sino que recibirán a los más innobles y  sin una sola gota de sangre azul que han desangrado a España con estafas, saqueos y toda clase de tropelías. Veremos, pues, a la cúpula de la Gürtel al frente de las fundaciones reales. Seremos gobernados por delincuentes valencianos como Rafael Blasco, recién ingresado en prisión, y seremos administrados por contables como Bárcenas, o pícaros como el mallorquín Jaume Matas. Blasco ostentará el marquesado de la Ayuda Humanitaria. Bárcenas será conde del PP. A Matas se le distiunguirá con la baronía del Velódromo.
Mi novela –una trilogía- va a llevar por título “Esto veía venir”.
Como el género de política-ficción exige un asesinato cada cincuenta páginas,  los habrá  por envenenamiento, arma de fuego, estrangulamiento y decapitación. El más inesperado (lo tengo escrito)  se  perpetrará con tiragomas.
Por razones comerciales mis editores no me autorizan a que cuente más.  He firmado un contrato para una serie televisiva de cinco temporadas (50 capítulos) que será interpretada por actrices y actores de altísimo nivel,  españoles y extranjeros.
¿No es todo esto una buena noticia para todos? Creo que sí. Y  no solo para mí, escritor desengañado, sino sobre todo para el conjunto de nuestra estafada sociedad que ha perdido las ganas de leer y de vivir.

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