| última escritura interior |
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Paul Preston recuerda en "El gran manipulador" que el padre de Franco era masón. Franco odiaba obsesivamente a los masones porque odiaba a su padre. O al revés. Da igual. Franco odiaba a media humanidad. ¿Los judíos? También. Franco era español y como todos los españoles era el producto de una mezcla desigual de cristiano, moro y judío.
Franco se odiaba a sí mismo: inventó, después de matarlo, un padre, una cruzada, un régimen y hasta una mediocre personalidad manipuladora y mesiánica.
Le teníamos miedo no tanto a él como a sus esbirros, algunos de los que todavía detentan cierto poder.
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